De la cosecha a la cata: Primera Parte Cosecha y secado

23.12.2015 15:40

El momento de la verdad se acerca, los cogollos acaban de madurar, los estigmas se marchitan y la resina impregna las flores. El autocultivo de cannabis requiere una dedicación que no acaba el día en que se cosechan las plantas. Una vez cortadas empieza una nueva fase del proceso en la que hay que manicurar, secar y curar los cogollos. A lo largo de varias semanas el cannabis pierde la humedad, sus cannabinoides se descarboxilan, la clorofila se descompone y los terpenos más volátiles se evaporan. Estos procesos permiten la conservación del cannabis a largo plazo, generan su psicoactividad, mejoran el sabor y alteran el aroma final.

 

Antes de cortar

 

El exceso de nutrientes almacenados en los tejidos de las plantas afectan al sabor final del cogollo, haciendo que el humo sea más irritante. La mejor forma de evitar este problema es dejar de abonar las plantas dos semanas o tres antes de cosecharlas y regarlas solo con agua. Esta técnica fuerza a las plantas a consumir los nutrientes de reserva, limpiando los cogollos de minerales innecesarios. 

Las plantas deben llegar al día de la cosecha con muchas hojas grandes amarillas, un síntoma de que el lavado ha surtido efecto. 

Si las plantas no amarillean al final, el lavado ha sido insuficiente.      

La cubierta de resina se incrementa sobre todo en las últimas semanas.

La cosecha

El grado de madurez de la planta se determina observando el estado de los estigmas o de las glándulas de resina. Si la mayoría de los estigmas se han marchitado o si las glándulas de resina están empezando a adoptar un color ámbar, se considera que las plantas están listas para la cosecha. 

Cuando los cogollos estén maduros se corta la planta por la base del tronco. 

Hay quien prefiere hacerlo a primera hora del día, mientras que otros cultivadores cosechan al atardecer. Lo que sí es muy importante es evitar cortar las plantas cuando están mojadas por el rocío o la lluvia, para reducir el riesgo de que se desarrollen hongos durante el secado.

 
Esta planta ya debería haber sido cosechada: todos los estigmas se han marchitado.

 

Manicura de hojas

 

Tras la cosecha, antes o después del secado, se deben manicurar los cogollos, es decir, eliminar todas aquellas hojas que no tengan resina. Este proceso es lento y laborioso, y se emplean no menos de diez horas de trabajo por kilo de cogollos. Pero es muy importante: cuanto más meticuloso se sea en este proceso de manicura, mejor aspecto final tendrán los cogollos. La manicura se puede hacer antes o después del secado. Lo más normal es hacerlo antes porque resulta algo más fácil, aunque obliga al cultivador a dedicar muchas horas para manicurar toda la cosecha en unos pocos días. 

Manicurar los cogollos tras el secado tiene dos ventajas: por un lado, los cogollos se secan protegidos por las hojas, lo que evita que pierdan glándulas de resina por golpes o roces; la segunda ventaja es que el manicurado se puede hacer poco a poco a lo largo del año, al ritmo en que se vayan consumiendo.

Algunos cultivadores comerciales intentan ahorrarse este trabajo y manicuran muy poco, por lo que el consumidor acaba recibiendo un material de menor calidad, ya que junto a las resinosas flores le dan hojas de mucha menor potencia. En los últimos años han ido apareciendo máquinas manicuradoras que aceleran el proceso pero a costa de dañar los cogollos, ya que hacen que se desprendan muchas glándulas de resina y empeoran el sabor del cannabis, al impregnarlo de los jugos que se desprenden al cortar las hojas. La hierba manicurada a máquina pierde cualidades respecto a la manicurada a mano, y debería comercializarse a menor precio.

 

Un cogollo bien manicurado siempre es más atractivo.

Secado

Las plantas se ponen a secar colgándolas boca abajo, de una cuerda o de un tendedero portátil, en una habitación fresca, oscura, seca y ventilada, dejando una puerta o ventana medio abierta para que corra el aire y se mantenga una buena ventilación. También se pueden desprender los cogollos de los tallos y secarlos sobre mallas extendidas. Este sistema tiene la ventaja de que el secado es mucho más rápido y la desventaja de que los cogollos quedan un poco aplastados por el lado que toca la malla.

Cada uno o dos días, sobre todo si la humedad ambiental es muy alta, hay que revisar las plantas en busca de signos de moho u hongos. Si se descubre algún cogollo contaminado con crecimiento algodonoso de color gris o marrón, hay que sacarlo inmediatamente del secadero para que no contamine al resto e intentar acelerar el secado del resto de la cosecha, aumentando la temperatura ambiental con un calefactor, la aireación con un ventilador o ambas opciones.

 

Una cuerda de pared a pared es el secadero más sencillo.

 

En función de las condiciones ambientales, el secado suele tardar entre una y cuatro semanas en completarse. Los cogollos están secos cuando al forzar los tallos estos se quiebran en lugar de doblarse.

El grado de secado de los cogollos es muy importante. Un cogollo mal secado genera un humo mucho más irritante y se apaga constantemente. Por el contrario, si está demasiado seco se convierte en polvo en cuanto se intenta desmenuzar. En el punto óptimo de secado, el cannabis debe conservar una cierta elasticidad, quemar uniformemente y no apagarse continuamente.

 

La segunda entrega de este artículo puede verse en De la cosecha a la cata: Segunda Parte Conservación y lavado de cogollos.

 

Fuente: canamo.net